Cómo verificamos los datos

Decir «datos verificados» y no explicar cómo es pedir un acto de fe. Este es el método completo, con sus límites incluidos.

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cifras con su frase literal de la web oficial detrás

32

productos comprobados uno a uno, con fecha

7

datos que la entidad no publica, contados aparte

Las seis reglas

  1. 1

    El dato lo publica quien vende el producto

    Ni otro comparador, ni un agregador, ni un blog, ni la memoria. Si la entidad no lo publica, el campo se queda vacío y la ficha lo dice. Un hueco es defendible; una cifra inventada, no.

  2. 2

    Nunca partimos del enlace de afiliado

    Un enlace de afiliado se resuelve una sola vez, al dar de alta el producto, y se guarda su destino real. Todas las lecturas posteriores van contra la web oficial. Revisar precios pinchando el enlace de comisión ensucia el dato y la relación con la entidad.

  3. 3

    Se lee la página como la ve una persona

    Casi todas son aplicaciones de JavaScript: una petición simple devuelve el esqueleto vacío. Hay que abrirlas en un navegador de verdad y, a menudo, usar la herramienta de la propia web: poner 300 € y 30 días en su calculadora, o leer lo que pinta su simulador.

  4. 4

    Se separa el reclamo del contrato

    La cifra grande de la portada suele ser el mejor caso, una promoción o un extremo de un rango. La condición del producto va al dato, la promoción va aparte, y de un rango se guardan los dos extremos. Quedarse con el mínimo de un «desde» es la media verdad que se le critica a la competencia.

  5. 5

    Se copia el fragmento literal, no solo el número

    Cada cifra se guarda junto al trozo de texto exacto que la respalda en la web oficial. Esta es la doble verificación de verdad: no una segunda fuente ni un segundo modelo, sino anclaje literal. Si una cifra se hubiera inventado, no habría fragmento que la respaldara y se vería.

  6. 6

    Se comprueba en sus páginas legales quién es la entidad

    Si el aviso legal dice «intermediación», «comparamos ofertas de» o «la aprobación depende de la entidad», el producto no tiene precio propio y no puede publicar una TAE como si lo tuviera. Esta comprobación destapó que la mitad de un ranking nuestro no prestaba dinero, y esos productos se eliminaron.

Las tres puertas

Ninguna cifra entra en el comparador sin pasar las tres. Si falla una, se conserva el valor anterior y el cambio espera revisión: mejor un dato de la semana pasada que uno nuevo y mal.

1. Anclaje

El número aparece literalmente en la página oficial, y se guarda el fragmento que lo contiene. Un modelo de lenguaje puede equivocarse dos veces igual; una búsqueda de texto exacto, no.

2. Aritmética

Las cifras tienen que ser coherentes entre ellas: una TAE nunca es menor que su TIN, una bonificación abarata en vez de encarecer, un escenario de ejemplo cabe dentro de los límites del producto. Lo comprueba el propio sistema y rompe la publicación si no cuadra.

3. Umbral de cambio

Si un precio se mueve mucho de un día para otro, no se aplica solo: se marca para que lo revise una persona. Y «mucho» son dos cosas distintas según el campo:

  • · Lo que se mide en puntos porcentuales (TAE, TIN, puntos de bonificación): más de 0,25 puntos.
  • · Lo que son precios o importes (€/kWh, €/kW día, importe máximo): más de un 2 % relativo.

La distinción no es teórica. Un umbral único de 0,25 sobre un precio de luz de 0,139 €/kWh habría dejado pasar sin avisar una subida del 163 %. Un umbral absoluto solo sirve cuando la magnitud del campo es conocida y estable, y eso solo pasa con los porcentajes.

Qué no automatizamos, y por qué

Un proceso automático mira cada día las páginas de los productos publicados y avisa cuando una entidad ha cambiado un precio. Lo que no hace es cambiar el dato: una TAE es el número con el que alguien decide dónde pone su dinero, así que cada cambio lo aprueba una persona —Nacho Domingo— con el fragmento literal delante.

Tampoco se automatiza la nota de cada producto ni el orden del ranking. Los parámetros de la clasificación están explicados en cada página de resultados.

Y ningún dato se queda sin mirar indefinidamente: una ficha que lleva más de 45 días sin comprobarse entra en la cola de revisión sola.

Qué fuentes usamos para los artículos

Para los datos de producto, la web de la entidad que lo vende. Para el contexto normativo y de mercado: Banco de España, CNMC, CNMV, Agencia Tributaria, BOE y el Poder Judicial.

Nunca otro comparador, ni un ranking de «mejores X» ajeno, ni un blog del sector — ni siquiera para orientarse. Una vez uno de ellos dio una cifra que después resultó correcta por cálculo propio, y aun así no se usó: si se aceptan las fuentes que aciertan, hay que aceptar las que no.

Lo que las entidades no publican está contado producto a producto en el índice de transparencia. Si encuentras una cifra que no cuadra con la web oficial, dínoslo: se corrige y se dice cuándo se corrigió.