«El débito saca el dinero al momento y el crédito a fin de mes» es verdad, y no es la diferencia que te conviene conocer antes de decidir con cuál pagar algo. Hay tres que sí cambian algo de verdad: quién responde si te cuelan un cargo, qué pasa si no hay dinero o límite disponible, y qué te cuesta cada una. La primera es la que más dinero puede ahorrarte, y casi nadie la explica.
1. Quién responde si te cuelan un cargo que no reconoces
Aquí la ley protege igual a las dos tarjetas, y es donde casi todo el mundo se queda corto al comparar. El Real Decreto-ley 19/2018 de servicios de pago pone la carga de la prueba en tu banco: si niegas haber autorizado una operación, es él quien tiene que demostrar que fue autenticada y registrada con exactitud, no tú quien tiene que demostrar que no fuiste tú. Y tiene que devolverte el importe «de inmediato y, en cualquier caso, a más tardar al final del día hábil siguiente» a que se lo notifiques. Como mucho respondes de una franquicia de 50 € antes de avisar —y ni eso, si el banco no exigió autenticación reforzada al autorizar la operación, si el cargo se hizo a distancia solo con los datos impresos de la tarjeta, o si ocurrió después de que notificaras el extravío—. Lo explicamos entero, con cada artículo y su redacción, en qué hacer si te hacen un cargo que no reconoces. Y esa autenticación reforzada es, en la práctica, el código que te llega al móvil o la confirmación en la app del banco cuando pagas por internet, igual con débito que con crédito; si un día no llega, qué hacer está en no me llega el código para pagar con la tarjeta.
Lo que cambia entre débito y crédito no es esa protección legal, que es idéntica. Es de dónde sale el dinero mientras se resuelve. Con una tarjeta de débito, el cargo ya ha salido de tu cuenta en el momento en que lo detectas: reclamar significa pedir que te devuelvan un dinero que, durante un día hábil como mínimo, ha dejado de estar donde estaba. Con una tarjeta de crédito, el gasto se acumula en una liquidación que todavía no se ha cobrado: si reclamas antes de que se cierre esa liquidación, ese dinero nunca ha llegado a salir de tu cuenta corriente. La ley te da el mismo derecho en los dos casos, pero solo en uno de los dos tienes que esperar a que un reembolso te devuelva algo que ya se fue. Esa asimetría práctica —no la letra pequeña— es el motivo real por el que mucha gente prefiere pagar con crédito en una tienda que no conoce y reservar el débito para el día a día.
2. Qué pasa si no hay saldo, o no hay límite
El débito tira directamente de tu cuenta: si no hay saldo suficiente en el momento del pago, la operación se rechaza, o si el banco la permite igualmente, entras en descubierto. Eso no es gratis: la comisión y el interés de demora por un descubierto tienen un techo legal, pero existen, y están desarrollados en qué te pueden cobrar por quedarte en números rojos.
El crédito funciona de otra forma: consume un límite que el banco te concede de antemano, no el saldo que tengas en la cuenta ese día concreto. El cobro de todo lo gastado se liquida después, normalmente a fin de mes. Eso tiene una ventaja obvia —puedes pagar aunque ese día tu cuenta esté a cero— y una obligación que no desaparece: cuando llegue la liquidación, el dinero tiene que estar, o ahí sí empiezan a correr intereses si no pagas el total.
Donde esta diferencia se nota de verdad es en las retenciones: el hotel, la gasolinera o el alquiler de coches bloquean un importe antes de cobrar. Con débito, ese bloqueo sale de tu saldo y no puedes usar ese dinero hasta que se libere; con crédito, ocupa parte de tu límite pero tu cuenta no se toca. Cuánto pueden retener, cuándo tiene que liberarse y a quién se reclama está en me han retenido dinero con la tarjeta en el hotel o la gasolinera.
3. Qué cuesta cada una
Aquí no hay una regla única, porque cada entidad fija sus propias comisiones y no tienen por qué coincidir entre la tarjeta de débito y la de crédito del mismo banco:
- Emisión y mantenimiento o renovación. Son importes fijos que cada entidad decide libremente, sin límite legal que los iguale entre tarjetas. Es habitual que la tarjeta de crédito lleve una cuota distinta —a menudo más alta— que la de débito, incluso siendo del mismo banco.
- Pagar en una divisa distinta del euro. La entidad puede cobrar una comisión por el cambio de moneda, a veces solo a partir de un importe gastado al mes o al año. Y si es el datáfono o el cajero quien te ofrece cobrarte en euros, la decisión es otra y suele salir cara: está explicada en pagar en euros o en moneda local con tarjeta.
- Sacar dinero en un cajero fuera de la zona euro. Suele cobrarse aparte de la comisión de cambio de divisa, como un porcentaje con un mínimo en euros o como una cantidad fija por retirada.
Ninguno de estos tres conceptos tiene por qué ser igual entre la tarjeta de débito y la de crédito de la misma entidad, así que antes de viajar o de decidir cuál usar fuera de España conviene mirar las condiciones de cada tarjeta por separado, no las de la cuenta en general.
«De crédito» no es lo mismo que «revolving»
Es la confusión que más dinero cuesta, y conviene deshacerla aquí. Una tarjeta de crédito de pago total a fin de mes liquida todo lo gastado de una vez y no devenga ningún interés por aplazar nada: la única diferencia con el débito es cuándo se descuenta, no cuánto. Los intereses aparecen cuando, además, se elige una modalidad de pago aplazado: pagar una cuota fija o un porcentaje de la deuda en vez del total. Esa modalidad puede ser revolving, y se identifica mirando el extracto —qué pagas cada mes y si queda saldo pendiente que vuelve a generar crédito disponible—, no por el nombre que lleve la tarjeta. La comprobación completa, con las cuatro señales y el tipo de referencia del Banco de España, está en cómo saber si tu tarjeta es revolving.
Cuál usar, y para qué
No hay una tarjeta que gane siempre: depende de para qué la uses.
Para el día a día y para no perder de vista cuánto gastas, el débito obliga a tener el dinero antes de gastarlo, así que funciona como su propio límite. Para comprar por internet, sobre todo en una tienda o una plataforma que no conoces bien, el crédito añade una ventaja práctica concreta: si algo sale mal, reclamas sobre un cargo que tu banco todavía no ha terminado de cobrarte, en lugar de pedir que te devuelvan un dinero que ya salió de tu cuenta. Y para viajar fuera de la zona euro, la decisión no depende del tipo de tarjeta sino de sus comisiones de cambio de divisa y de cajero, que hay que comprobar tarjeta a tarjeta.
Las condiciones de cada tarjeta las fija su entidad emisora y pueden cambiar, así que conviene comprobarlas en tu contrato o en tu banca electrónica antes de decidir. Y cuidado con confiar solo en cómo se anuncia una tarjeta: hay entidades que llaman «de crédito» a una tarjeta que no lo es en el sentido que importa aquí —sin línea de crédito detrás—, porque la aceptan donde piden ese tipo de tarjeta. Es justo lo que pasa con la tarjeta Blackcat Mastercard, que es de prepago aunque su propia web diga que es de crédito. La tarjeta de débito se consigue al abrir una cuenta, que es donde hoy está nuestro trabajo verificado producto a producto; el ranking de tarjetas pesa sobre todo lo que cuesta al año y lo que cobra fuera de España.
