Pedir una carencia en la hipoteca no es gratis, aunque lo parezca el primer mes. El Banco de España lo resume así en su Portal del Cliente Bancario: la carencia es “el periodo durante el cual podrías pagar una cuota mensual más reducida, si pagas únicamente los intereses, o incluso nula si aplazas el pago total de las cuotas”. La cuota baja, sí. Lo que no baja igual es la deuda.
Carencia parcial o carencia total: la diferencia está en el capital
Hay dos formas de carencia, y la que elijas cambia mucho el resultado:
- Carencia parcial: pagas solo los intereses del préstamo. El Banco de España lo explica así: “la cuota mensual se reduce pero el capital prestado no disminuirá durante el período de carencia”. No amortizas nada, pero tampoco se acumula nada nuevo: la deuda se queda congelada en la cifra que tenías al empezar.
- Carencia total: no pagas ni intereses ni capital. Aquí la cifra oficial es más dura: “los intereses se acumularán y la deuda crecerá”. Cada mes que pasa debes más que el anterior, porque los intereses que no pagaste se suman al capital pendiente.
La parcial es la que menos daño hace a la deuda: el capital pendiente se queda igual, no crece. La total existe, pero conviene saber que no es “un respiro sin coste”: es un respiro con el coste aplazado y, además, creciendo.
¿Es un derecho, o tiene que decir que sí el banco?
Una carencia cambia las condiciones que firmaste en la escritura, así que no se activa sola: hace falta que la entidad la acepte, normalmente a través de una novación del contrato. El banco puede pedirte justificar el motivo (una reforma, el inicio de una vivienda sobre plano que aún no se entrega, una bajada temporal de ingresos) y puede decir que no.
La excepción está en los supuestos de vulnerabilidad del Código de Buenas Prácticas (Real Decreto-ley 6/2012): ahí, si cumples el umbral y la entidad está adherida, una carencia en la amortización de capital deja de ser una concesión voluntaria y pasa a ser obligatoria dentro del plan de reestructuración. Pero eso ya no es “pedir una carencia” en el sentido de este artículo: es la vía para quien tiene dificultades reales para pagar, y tiene su propio proceso y sus propios plazos, que explicamos en no puedo pagar la hipoteca: qué puedes pedir, a quién y en qué orden.
Para el resto de casos —una carencia pedida con margen, no por impago inminente— es una negociación normal con tu banco o, si ya tienes la hipoteca en otra entidad y buscas mejores condiciones junto con la carencia, algo que se puede plantear al comparar hipotecas.
Por qué sale más cara aunque la cuota de hoy sea más baja
Aquí está lo que de verdad hay que entender antes de pedirla: el capital pendiente al terminar la carencia es el mismo que al empezarla (si fue parcial) o mayor (si fue total). Ese dinero no desaparece, así que pasa una de estas dos cosas:
- Si el plazo total no se alarga, el capital que no amortizaste durante la carencia se reparte entre menos meses de los que había al principio. La cuota posterior sube para compensarlo.
- Si el banco alarga el plazo para que la cuota posterior no suba tanto, pagas intereses durante más tiempo sobre un capital que apenas se ha movido.
De una forma u otra, el coste total de la hipoteca en intereses aumenta frente a no haber pedido la carencia. No es un efecto secundario raro: es la consecuencia directa de dejar de amortizar durante un tiempo en un préstamo donde los intereses se calculan sobre el capital pendiente. El Banco de España pone a disposición un simulador gratuito para hacer esta cuenta con tus propios números —importe, plazo, tipo y meses de carencia— antes de firmar nada, en vez de fiarte de lo que te cuenten en la oficina.
Carencia no es lo mismo que no poder pagar
Conviene no confundir las dos cosas, porque llevan a caminos distintos:
- La carencia se pide antes, con margen, normalmente por un motivo conocido: una reforma, una hipoteca de una vivienda sobre plano que tardará meses en entregarse, un cambio de ingresos previsible y temporal. El banco decide con calma si la concede.
- El impago se sufre después, cuando ya no hay forma de hacer frente a la cuota. Ahí el proceso es otro, con un código específico para deudores en dificultades, plazos concretos de respuesta del banco y un orden de medidas que no se puede saltar. Si es tu caso, el artículo que te interesa es no puedo pagar la hipoteca: qué puedes pedir, a quién y en qué orden.
Si lo que buscas, en cambio, es lo contrario de una carencia —adelantar dinero para terminar antes o pagar menos cada mes—, esa cuenta está en amortizar la hipoteca anticipadamente: cuándo compensa.
Antes de pedirla
Pide siempre por escrito las nuevas condiciones completas: la cuota durante la carencia, la cuota exacta después, si cambia el plazo y cuánto más pagarás en total de intereses frente a no pedirla. Una carencia bien usada resuelve un bache puntual; una carencia mal entendida es una cuota más baja hoy a cambio de una sorpresa el mes que termina.
