Si en la oferta aparece la palabra «estructurado» o «combinado», o el folleto habla de un índice bursátil, una acción o una cesta de activos, no estás mirando un depósito normal. Puede llamarse depósito, puede venderse en la misma ventanilla que uno, y puede incluso garantizar parte del capital. Pero la parte que depende de ese fondo o de ese índice puede perder valor, y esa parte no la cubre el Fondo de Garantía de Depósitos.
Es la letra que casi nunca se lee antes de firmar, porque el folleto empieza hablando de una rentabilidad más alta que la de cualquier depósito a plazo fijo. La rentabilidad más alta existe. Lo que no siempre está igual de claro es de dónde sale, y qué pasa si el activo al que está ligada baja en vez de subir.
Depósito combinado: dos productos, no uno
Un depósito combinado reparte tu dinero entre dos contratos distintos bajo un único nombre comercial: una parte va a un depósito normal, con su interés pactado y su capital garantizado; la otra se destina a comprar un fondo de inversión, una cesta de acciones o un producto similar. El banco suele diseñarlo así para poder anunciar una TAE media más alta que la de sus depósitos ordinarios, aportada sobre todo por la parte invertida cuando le va bien.
El problema es exactamente ese «cuando le va bien». La parte del depósito cumple lo que promete, porque es un depósito de verdad. La parte del fondo o de la acción no tiene un interés pactado: tiene un valor que sube o baja con el mercado, y al vencimiento puede valer menos de lo que pusiste.
Depósito estructurado: el rendimiento entero depende de un activo
Un depósito estructurado va un paso más allá: no reparte tu dinero en dos productos separados, sino que liga el rendimiento de todo el contrato a la evolución de un índice, una acción o una cesta de activos, normalmente con algún derivado o mecanismo de apalancamiento incorporado.
Lo que el Fondo de Garantía de Depósitos no cubre
El Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) protege hasta 100.000 € por titular y entidad, pero no protege cualquier cosa que se llame depósito. El Banco de España, en su Portal del Cliente Bancario, detalla qué cubre el FGD —«cuentas corrientes y de ahorro y los depósitos a la vista y a plazo fijo»— y, justo a continuación, qué queda excluido: «Los depósitos estructurados, en los que puede ocurrir que no recibas todo el importe depositado».
Esa frase final es la clave: en un depósito a plazo fijo normal, recuperar el 100 % del capital es la base del contrato, pase lo que pase con el banco (dentro del límite del FGD). En un depósito estructurado, el propio Banco de España advierte de que puede que no recuperes todo lo depositado, porque parte de ese dinero está expuesto a cómo se comporte el activo de referencia.
Cómo distinguirlo antes de firmar
Tres comprobaciones, en este orden:
- El nombre del producto. Si lleva «estructurado», «combinado», «ligado a», «referenciado a» o cita un índice bursátil, una cesta de acciones o un fondo, ya no es un depósito simple.
- Cómo describe la rentabilidad. Un depósito a plazo fijo da un TIN y una TAE con un número fijo, válido desde el primer día. Uno estructurado o combinado suele hablar de rentabilidad «estimada», «potencial» o «hasta un X %»: esas palabras significan que el número final todavía no está decidido.
- Qué parte del capital está garantizada. Pide por escrito qué porcentaje de tu dinero tiene capital garantizado y cuál no, y qué fondo responde por cada parte. Si la respuesta no es clara o no está en el contrato, es una señal para no firmar todavía.
En nuestro comparador de depósitos solo entran depósitos a plazo fijo, con un TIN o una TAE pactados desde el primer día y el capital cubierto por el Fondo de Garantía de Depósitos hasta 100.000 € por titular y entidad. Comparamos esa cifra precisamente porque es la que de verdad vas a cobrar, sin depender de cómo le vaya a un índice que ninguno de los dos controla.
Las condiciones las fija cada entidad y pueden cambiar, así que conviene comprobarlas en su web antes de contratar.
